Cuando el equipo técnico del municipio entregó el primer informe sobre el estado de la red de agua corriente, nadie esperaba que la lista de prioridades cambiara tanto en menos de dos meses. Esta nota repasa qué se ajustó, por qué y qué significa para las próximas licitaciones.
Los datos que obligaron a reordenar el plan
La revisión inicial se hizo sobre los registros de presión y los partes de roturas de los últimos tres años. El primer borrador ponía el foco en los caños de mayor antigüedad, pero al cruzar los datos con las mediciones de cloro residual apareció un patrón distinto: varias zonas con cañerías nuevas mostraban pérdidas de caudal que no se explicaban por la edad de los materiales.
El análisis de las válvulas reductoras y de los puntos de muestreo indicó que el problema estaba en las conexiones domiciliarias y en algunos tramos de aducción que nunca habían sido inspeccionados con cámara. Ese hallazgo movió el eje de la intervención: ya no alcanzaba con reemplazar caños viejos, había que auditar las uniones y los ramales secundarios.
Lo que se mantuvo y lo que se descartó
Del plan original se conservaron las obras de recambio en el sector norte, donde las roturas eran recurrentes y el pavimento ya estaba comprometido. También se mantuvo el cronograma de limpieza de los desagües pluviales antes de la temporada de lluvias, porque los informes de las últimas tormentas confirmaron que los sumideros seguían siendo el punto más frágil.
En cambio, se postergó la instalación de medidores inteligentes en dos barrios periféricos. La decisión no fue presupuestaria sino técnica: los ensayos de campo mostraron que la telemetría actual no resiste las variaciones de tensión en esas subestaciones, y enviar cuadrillas a recalibrar equipos cada semana no tiene sentido. Se esperará a la próxima actualización del equipamiento.
El impacto en las próximas licitaciones
El reordenamiento cambió los pliegos de dos licitaciones que estaban en preparación. La primera, sobre renovación de redes, ahora incluye un ítem específico de inspección con cámara en tramos de aducción que antes no figuraba. La segunda, sobre mantenimiento de estaciones de bombeo, sumó un requisito de monitoreo remoto de presión en horario nocturno, cuando el consumo baja y las fugas se hacen más evidentes.
Para los contratistas, esto significa ajustar las ofertas con más detalle en relevamiento previo y menos margen para imprevistos. Para el municipio, implica un control más fino de los avances de obra y una base más sólida para las certificaciones mensuales.
Lo que viene en los próximos meses
El equipo técnico está preparando un segundo informe con los resultados de las inspecciones con cámara en los tramos críticos. Ese documento definirá si las reparaciones puntuales alcanzan o si hace falta un recambio integral en alguna de las zonas relevadas. También se está evaluando la incorporación de sensores de presión en los puntos donde las mediciones históricas mostraron mayor dispersión.
La idea es que la próxima revisión no sea una sorpresa para nadie: los datos van a estar disponibles para los concejales y para las empresas que participen de las licitaciones. Así, las decisiones se toman con la misma información sobre la mesa.